Autonomía: Un sueño compartido, un logro popular
El movimiento autonomista se inicia conjuntamente con el nacimiento del pueblo. Esto es así porque Ameghino nace casi con la llegada del ferrocarril. Con él vinieron a trabajar en sus galpones y paradas de locomotoras, obreros que portaban ideas avanzadas para la época. Predominó en nuestro pueblo recién fundado el trabajador del riel, el obrero, el comerciante, mientras que en General Pinto, existían condiciones socioeconómicas distintas y predominaban los productores agropecuarios.
Estos dos sistemas o condiciones sociales totalmente diferentes, fueron las que, contrastando, condicionaron la especial relación de la población local con el gobierno municipal centralizado en General Pinto.
Aparece el primer movimiento en 1912 reclamando, además de su autonomía, el parcelamiento de las tierras.
Los primeros “cabecillas” autonomistas fueron un imprentero, periodista y un comerciante: Manuel Ulla y Francisco Núñez Moral, dos jóvenes españoles que se encargaron de encender la chispa de esos anhelos convocando a reuniones de vecinos. En una de esas reuniones se designó una comisión encargada de gestionar directamente la autonomía. Se entrevistaronn, junto con Edmundo Bouffard y Vicente Nieto con el entonces diputado Valentín Graciano y le presentaron un anteproyecto creando el Partido de Florentino Ameghino para que éste lo llevara a la Cámara de Diputados de la Provincia.
Estas tempranas gestiones no tuvieron éxito, sin embargo, el movimiento autonomista continuó realizando acciones, aunque todavía sin resultados concretos apoyando su movimiento con colectas populares y reuniones cocientizadoras.
A pesar de los numerosos reveses, no se acallaron las pretensiones de independencia y en sucesivos actos se elaboraron proclamas firmadas por Francisco Nuñez Moral, Luis Balocco, Manuel Ulla, Ramón Alonso, Pablo Gorra, Juan A Marino, José Arselay, Romeo Berti, Amansio Fresno, Vicente Nieto, Nicolás Ionna, Vicente Tapiaca, y las sociedades comerciales: Domech y Oztolaza, Barrer y Villapol, M y O Rodríguez y Cía, Edmundo Bouffard y Cía, comprometidas en la campaña, moral y económicamente.
Vuelve a renacer esta inquietud en el año 1918, con una propuesta de crear un nuevo distrito que abarcaría los cuarteles 15to de Gral Pinto, 11º, 13º y 15to de Gral Villegas, 8vo de Tejedor y 21º de de Lincoln. Aunque este reclamo no prosperó el pueblo vuelve a levantarse y a hacerse escuchar en 1928 y 1929, aunque se desoyen nuevamente sus reclamos. Más tarde ese trazado sería modificado, quedando como definitiva la traza actual de nuestro distrito, que incluye las localidades de Ameghino, Blaquier y Porvenir.
Nuevamente en 1944 se oyen voces que reclaman la autonomía, esta vez ante el interventor de la Pcia, Dr Bramuglia, pero el reclamo no es todavía tenido en cuenta.
Aunque por algunos años se guardan las banderas y se adormece el entusiasmo, años más tarde, el 6 de abril de 1974, el pueblo se reúne en asamblea popular y nuevamente grita la consigna: Autonomía.
En esa memorable asamblea, donde todos los sectores de la vida del pueblo hicieron oír su voz, se reafirmaron los anhelos de la comunidad que veía a la autonomía como sinónimo de progreso. El tiempo se encargaría de darles la razón.
Y así esta lucha, que ya era de toda la comunidad, se renovaba periódicamente a lo largo de los años con otros nombres y otras modalidades, pero con un mismo espíritu. Hombres, mujeres e instituciones hicieron propio este objetivo de libertad y lucharon más de 8 décadas por concretarla. A los primeros autonomistas les siguieron otros, como Walter Castrillo, Jorge O. García, Edgardo Francisco, Gerardo García, Dante Gobbini, Hugo Prenol, Susana Saganías y Teresa Saganías, Pedro García, Mario Ormachea, Ángel Liébana y muchos hombres y mujeres más que fueron tomando la posta a lo largo de los años, conformando comisiones, promoviendo eventos, mítines, reuniones y acciones de visibilización que creaban conciencia de la necesidad en la comunidad.
Y la lucha siguió, esta vez en los estrados que nos proveyó la Democracia. Desde 1983 en el Concejo Deliberante de Gral Pinto, comenzaron a ingresar proyectos portados por los concejales de nuestro pueblo.
Llegando a los años 90, esta idea autonomista se encarnó en cinco concejales ameghinenses del Partido de General Pinto: Ernesto Giacomodonato, Patricio García, Mario Madrid, José Deglise y Juan Carlos González, acompañados del apoyo constante y permanente de otros dirigentes políticos, de entidades comunitarias y de todos los vecinos de Ameghino.
En gestiones que duraron largos meses, con movilizaciones de vecinos que viajaban a la capital de la provincia, y el trabajo incansable de los concejales ameghinenses, se logró el apoyo de la Cámara de Diputados Bonaerenses y finalmente, el 21 de marzo la votación casi unánime de la Cámara de Senadores que hizo realidad ochenta años de lucha.
Las bocinas, los gritos, los saludos, todos los sonidos se entremezclaron en nuestro pueblo en ese 21 marzo en el que nacían el otoño y un nuevo distrito. La gente corrió a la plaza a abrazarse, a felicitarse, a llorar de emoción y a esperar a los artífices de la gran epopeya: los concejales que unidos en la lucha no sabían ya de banderías políticas y se hermanaban en el esfuerzo común.
Se llamaban Patricio, José, Ernesto, Mario, Juan Carlos. Pero ese día también se llamaban Ulloa, Fresno, Nieto, Balloco. Y se llamaban también María, Juan, Adela o Pedro de Ameghino, los que se murieron sin ver el fruto de su esfuerzo pero que también estaban presentes en ese momento en las banderas que se agitaban jubilosas.
Lo demás está registrado en miles de fotos que, quien lo diría, ya empiezan a ponerse amarillentas: la llegada, la fiesta, los desfiles y el comienzo de la vida institucional de nuestro distrito.
Vendrían después los tiempos de elegir autoridades y de plasmar en obras los sueños de tantas generaciones, vendrían también los tiempos que darían la razón a los que soñaban con el progreso como consecuencia inevitable de la autonomía.
Pero ese día histórico, tan particular, es nuestro patrimonio íntimo e histórico, nuestro pequeño 9 de julio ameghinense, el día en que comenzamos a hacernos grandes y a paladear el dulce sabor de disponer de nuestro propio destino.




